Cierta melancolía por el entierro del carnaval -pero sobre todo por el epílogo del fin de semana largo-. Alguna extrañeza por el feriado a medias: negocios abiertos y pocos (muy pocos, en realidad) tucumanos dispuestos a espiar las vidrieras en el centro. Fue un martes diferente, uno de esos días sandwich entre la fiesta que se va y la rutina que no termina de instalarse. Por más que la renuncia de Benedicto XVI haya dado vuelta la agenda.

El equipo de TUcumanos se congregó para planificar la edición de mañana, que vendrá con muchos contenidos anclados en el Día de los Enamorados. Tal vez ese espíritu haya quedado flotando en la sala de reuniones y contagió a un secretario de Redacción, que musicalizó el debate de Tapa con un hit de Franco de Vita. Así, tranquilo, pero no por eso menos entusiasta, fluyó el armado de la edición que hoy tiene en sus manos.